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La espontaneidad controlada que conecta
Es posible que hayas dedicado muchas horas a preparar tu discurso, que su contenido sea informativo y que lo desarrolles de manera lógica, además de pronunciarlo con fluidez. Pero si la atención del público está dividida —solo escucha fragmentos de lo que decimos porque está pensando en otras cosas—, ¿será efectiva la exposición? Si a los oyentes les cuesta mantenerse concentrados en el discurso, ¿será probable que les llegues al corazón?
¿Dónde está el problema? Puede haber muchos factores. En la mayoría de los casos, se debe a que el orador no permite que las palabras fluyan de manera espontánea. En otras palabras, consulta sus notas con demasiada frecuencia, o su exposición es demasiado formal. Estos problemas están directamente relacionados con la forma en que se prepara la disertación.
Si primero escribes el discurso y luego intentas convertirlo en un esquema, probablemente te será difícil improvisar a partir de lo que ya has escrito. ¿Por qué? Porque has elegido las palabras exactas que piensas usar. Aunque utilices el esquema en la exposición, intentarás recordar las palabras de la versión original. El lenguaje escrito es más formal que el hablado, y la estructura de tus frases es más compleja. Tu discurso reflejará esa realidad.
En vez de escribir el contenido de tu intervención con todo detalle, intenta lo siguiente: 1) Escoge un tema y los aspectos fundamentales que vas a exponer. En el caso de una disertación corta, tal vez con dos puntos principales sea suficiente; una más larga puede tener hasta cuatro o cinco. 2) Bajo cada punto, anota los textos que vas a usar al desarrollarlo; incluye también las ilustraciones y argumentos clave. 3) Piensa en la introducción que utilizarás. Puedes incluso escribir una o dos oraciones. Haz lo mismo con la conclusión.
Si bien la preparación es muy importante, no repitas la disertación palabra por palabra con la intención de memorizarla. Al prepararte para hablar desde el bosquejo, enfócate en las ideas más que en las palabras. Repásalas en tu mente hasta que fluyan una tras otra sin esfuerzo. Si tu discurso tiene una lógica clara y está bien organizado, no debería ser complicado. De esta manera, las ideas vendrán a tu mente de forma libre y sencilla durante la presentación.
¿Qué implica improvisar a partir del bosquejo y por qué es importante?
Improvisar las palabras a partir del bosquejo implica conocer a fondo la estructura y el contenido de tu discurso, pero elegir las palabras exactas, las frases y las transiciones en el momento de la presentación. No significa hablar sin preparación, sino utilizar tu bosquejo como un marco flexible que te permite ser espontáneo y auténtico. Es importante porque:
- Suena más natural y conversacional: La improvisación permite que tu voz y tu personalidad brillen, creando una conexión más genuina con la audiencia.
- Permite la adaptación: Puedes ajustar tu lenguaje, tus ejemplos y tu ritmo según la reacción y el entendimiento de tu público en tiempo real.
- Aumenta tu confianza: Dominar esta técnica te da la libertad de expresarte con tus propias palabras, lo que puede aumentar tu seguridad en el escenario.
- Mantiene el interés de la audiencia: Un discurso improvisado (dentro de un marco) suele ser más dinámico y atractivo que uno leído.
Beneficios de improvisar a partir del bosquejo:
Mayor conexión con la audiencia: La espontaneidad fomenta una sensación de diálogo y cercanía.
Flexibilidad para responder a preguntas o comentarios: Puedes integrar respuestas o elaborar puntos específicos según sea necesario.
Mayor autenticidad: Tu personalidad y tu pasión por el tema se transmiten de manera más efectiva.
Discurso más memorable: La combinación de estructura y espontaneidad puede hacer que tu mensaje sea más impactante.
Una ventaja significativa de improvisar las palabras después de haber preparado bien las ideas es que hablarás de manera clara, lo que suele ser bien recibido por la gente. Tu presentación será más animada y, por lo tanto, más cautivadora para el público.
Este enfoque te permite mantener un contacto visual máximo con tu público, lo que mejora la comunicación. Al no depender de notas para elegir las palabras con las que formularás cada oración, tus oyentes sentirán que realmente dominas el tema y que crees sinceramente en lo que dices. Así que, en general, esta forma de exposición es más cálida y natural, y realmente llega al corazón del público.
El discurso que no se ha preparado palabra por palabra también ofrece más flexibilidad. La información no está tan rígida que no permita cambios. Imagina que el día que vas a dar tu charla escuchas una noticia relevante por la mañana que está directamente relacionada con el tema. ¿No sería adecuado mencionarla? O tal vez te das cuenta mientras hablas de que hay muchos niños en el público. Sin duda, sería bueno ajustar las ilustraciones y la aplicación para ayudarles a entender cómo les afecta personalmente lo que dices.
Otra ventaja de dejar que las palabras fluyan de manera natural al hablar es que se estimula el intelecto. Cuando el público muestra interés y es receptivo, el orador se anima y puede desarrollar algunas ideas o dedicar tiempo a enfatizar ciertos puntos. Si notas que el interés de los presentes disminuye, puedes tomar medidas para solucionar el problema, en lugar de seguir hablando a personas que están pensando en otras cosas.
Evita los riesgos de la improvisación sin preparación:
- Divagación: Sin un bosquejo como guía, es fácil desviarse del tema principal.
- Olvido de puntos importantes: Un bosquejo te asegura cubrir todos los aspectos clave de tu mensaje.
- Repeticiones y muletillas: La falta de estructura puede llevar a un lenguaje menos preciso y al uso excesivo de «eh», «um», etc.
- Pérdida de hilo conductor: Un bosquejo te ayuda a mantener un flujo lógico en tu discurso.
También hay que tener en cuenta que improvisar las palabras a partir del esquema puede ser arriesgado. Uno de esos riesgos es la tendencia a exceder el tiempo planeado. Si durante tu discurso incluyes demasiadas ideas extra, puede que te cueste terminar a tiempo. Una forma de evitar este error es anotando en el esquema cuánto debe durar cada parte de la presentación. Después, asegúrate de seguir ese horario.
Otro riesgo, sobre todo para los oradores experimentados, es el exceso de confianza. Al estar acostumbrados a hablar en público, algunos pueden encontrar fácil juntar ideas y llenar el tiempo que tienen. La humildad debería motivarnos a preparar cada tarea con seriedad.
Quizás la mayor inquietud de muchos oradores inexpertos al improvisar es que se les olvide lo que deben decir. No dejes que ese temor te detenga de dar este paso importante que te permitirá ser un buen conferenciante.
Otros oradores se sienten cohibidos porque les preocupa demasiado usar las palabras correctas. Es cierto que un discurso improvisado a partir de un esquema no tiene el vocabulario cuidado ni la precisión gramatical de uno leído, pero su estilo espontáneo compensa con creces esas deficiencias. La audiencia es más receptiva a los conceptos que se expresan con palabras y oraciones sencillas. Si te preparas adecuadamente, las frases surgirán de forma natural, no porque las hayas memorizado, sino porque has repasado bien las ideas. Y si te desenvuelves bien en la conversación diaria, también lo harás sin esfuerzo en el escenario.
¿Qué clase de notas utilizar para improvisar?
Las notas para improvisar deben ser concisas y fáciles de leer de un vistazo. Considera utilizar:yen:
- Palabras clave: Solo las palabras esenciales que te recuerden cada punto principal y subpunto.
- Frases cortas: Frases que capturen la esencia de una idea o un ejemplo.
- Viñetas o listas numeradas: Para organizar visualmente la información.
- Código de colores o símbolos: Para destacar información importante o transiciones.
- Tarjetas pequeñas o una hoja de papel con márgenes amplios: Evita los bloques de texto densos.
Con el tiempo y la práctica, puedes reducir el bosquejo a unas pocas palabras para cada punto del discurso. Estas se pueden anotar, junto con los textos necesarios, en una tarjeta o en una hoja de papel para una consulta rápida.
No obstante, si confías demasiado en tus notas durante la exposición —mirándolas casi en cada frase—, perderás los beneficios de un discurso donde las palabras fluyen de forma espontánea. Si utilizas apuntes largos, márcalos de tal manera que puedas consultar fácilmente solo los pocos términos y textos destacados que forman el bosquejo.

Cuando se nos pide una explicación improvisada
Incluso si no estás dando un discurso formal, la habilidad de improvisar una explicación clara a partir de una estructura mental es valiosa. Cuando te pidan una explicación:ograrlo:
- Tómate un segundo para organizar tus pensamientos: Identifica los puntos clave que necesitas cubrir.
- Comienza con una idea general: Ofrece una breve introducción al tema.
- Desarrolla los puntos principales uno por uno: Utiliza ejemplos o analogías si es necesario.
- Utiliza transiciones sencillas: Conecta tus ideas con frases como «primero», «segundo», «además», «por ejemplo».
- Concluye con un breve resumen: Refuerza la idea principal.

Cómo lograr improvisar con eficacia
- Conoce tu bosquejo a fondo: Internaliza la estructura y el contenido de tu discurso.
- Practica hablar sobre cada punto de tu bosquejo con diferentes palabras: Esto te dará flexibilidad y confianza.
- Enfócate en las ideas, no en las palabras exactas: Permítete usar diferentes sinónimos y frases cada vez que practiques.
- Grábate y evalúa tu fluidez: Identifica las áreas donde te sientes menos seguro o donde usas muchas muletillas.
- Visualiza tu presentación: Imagina que estás hablando con confianza y desenvoltura, utilizando tu bosquejo como guía.
Improvisar las palabras a partir de tu bosquejo es una habilidad que se desarrolla con la práctica. Al dominarla, podrás comunicarte de manera más auténtica, conectar profundamente con tu audiencia y transmitir tu mensaje con mayor impacto.
| EJERCICIO: Ejercicio 1: «El punto clave» Paso 1: Crea un bosquejo sencillo con 3-5 puntos principales sobre un tema familiar. Paso 2: Para cada punto, escribe solo 1-3 palabras clave. Paso 3: Habla sobre cada punto durante 1-2 minutos, utilizando tus propias palabras y expandiendo las ideas clave. Intenta usar diferentes frases cada vez que repitas el ejercicio. Ejercicio 2: «La explicación inesperada» Paso 1: Pídele a un amigo o familiar que te haga preguntas inesperadas sobre un tema que conoces bien. Paso 2: Tómate unos segundos para pensar en una estructura mental básica (introducción, 2-3 puntos clave, conclusión). Paso 3: Responde a la pregunta improvisando tus palabras, basándote en esa estructura mental. Ejercicio 3: «El bosquejo flexible» Paso 1: Crea un bosquejo para un discurso corto. Paso 2: Durante la práctica, intenta hablar sobre los puntos en un orden diferente al que escribiste en el bosquejo. Esto te ayudará a ser más flexible y a no depender de una secuencia memorizada. |
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