Escucha el artículo
Introducción: Conecta tu mensaje con la vida real
Como orador, tu meta no es solo informar, sino inspirar y, sobre todo, ser relevante. Resaltar el valor práctico de tu mensaje es el puente que une tus ideas abstractas con las necesidades y desafíos cotidianos de tu audiencia. Un discurso poderoso no solo dice, sino que muestra a las personas cómo lo que escuchan puede mejorar sus vidas, solucionar sus problemas o alcanzar sus metas.
¿Qué implica y por qué es tan importante?
Resaltar el valor práctico implica demostrar de manera clara y tangible cómo la información que compartes se puede aplicar en el mundo real. Si la persona con la que hablas no percibe la utilidad práctica de la información, es posible que le comuniques que no le interesas o que se desconecte mentalmente y se concentre en otros temas. Es importante porque:
- Motiva a la acción: Cuando la gente entiende el «para qué» de tu mensaje, es más probable que actúe. El valor práctico convierte la teoría en motivación.
- Aumenta la retención: La gente recuerda mejor la información cuando puede relacionarla con sus propias experiencias. El valor práctico ancla tus ideas en la memoria de tu audiencia.
- Fortalece la credibilidad: Al ofrecer consejos aplicables y soluciones reales, te posicionas como un experto confiable y no como un simple portador de información.
- Aumenta la empatía: Al hablar de los problemas reales de tu audiencia y ofrecerles soluciones, demuestras que los entiendes y que tu mensaje es para ellos.
Ya sea que nos dirijamos a una sola persona o a un gran auditorio, no es sensato asumir que el tema captará la atención de los oyentes solo porque a nosotros nos interese. Nuestro mensaje tiene un gran valor, pero si no destacamos su utilidad práctica, será complicado mantener el interés de los presentes por mucho tiempo.
El público generalmente se muestra atento cuando compartimos una ilustración o experiencia que no ha escuchado antes. Sin embargo, puede distraerse si hablamos de algo que ya conoce, especialmente si no construimos sobre esa base de información. Es fundamental ayudarles a entender por qué y cómo lo que decimos les beneficia.
Cómo hacer práctico tu discurso y ayudar a entender el valor práctico
Hacer que tu discurso sea práctico comienza con la planificación. Desde el principio, debes tener en mente la pregunta: «¿Qué pueden hacer mis oyentes con esta información?».
- Conoce a tu audiencia: Antes de escribir tu discurso, investiga a tu público. ¿Cuáles son sus desafíos? ¿Qué les motiva? ¿Qué tipo de soluciones buscan? Ayudar a entender el valor práctico es imposible si no sabes qué es valioso para ellos.
- Utiliza ejemplos concretos y analogías: En lugar de decir «el trabajo en equipo es importante», cuenta la historia de un equipo que logró el éxito gracias a su colaboración. Las analogías pueden simplificar conceptos complejos, relacionándolos con algo que tu audiencia ya conoce.
- Ofrece pasos concretos a seguir: No te restrinjas a ofrecer recomendaciones generales. Proporciona un plan de acción claro y conciso. Por ejemplo, si tu tema es la productividad, en lugar de decir «debes ser más organizado», sugiere «organiza tu espacio de trabajo al final de cada día».
- Usa un lenguaje sencillo: Evita la jerga o el lenguaje técnico que solo tú y otros expertos entiendan. Usa palabras que tu audiencia utilice en su día a día. Para que el discurso sea realmente efectivo, es fundamental no solo enfocarse en la información, sino también en el público. No te limites a ver un grupo de personas, sino a cada individuo y a las familias que lo componen. Es posible que haya niños, adolescentes, adultos y ancianos presentes. Pregúntate: “¿De qué manera puede la información que voy a presentar beneficiar a los miembros de este auditorio? ¿Cómo puedo ayudarles a comprender lo que intento comunicar?”. Puedes decidir concentrarte en uno o dos de los grupos mencionados, pero sin olvidar a los demás.
No restrinjas la aplicación práctica a unos breves comentarios al final del discurso. Cada uno de los oyentes debería pensar desde el mismo principio: “Esto me es para mí”. Una vez que hayas establecido la base, continúa señalando la aplicación práctica de la información al desarrollar los distintos puntos clave, tanto en el cuerpo del discurso como en la conclusión. Al destacar el valor práctico, es esencial que lo hagas con amor y empatía.
Puntos clave para lograrlo
- Empieza con el «porqué»: Inicia tu discurso planteando un problema o una necesidad que tu audiencia tenga.
- Sé el puente entre la teoría y la práctica: Después de presentar una idea, inmediatamente explica cómo se puede aplicar. Al preparar un discurso, no te limites a considerar solo la información, sino que también ten en cuenta a tu audiencia. Exprésalo de tal forma que les resulte beneficioso. La aplicación práctica no debe ser exclusiva de la conclusión; debe resaltar a lo largo de todo el discurso.
- Concluye con un llamado a la acción: Finaliza tu discurso desafiando a tu audiencia a poner en práctica lo que has compartido.
Resaltar el valor práctico no es un añadido, es el corazón de un discurso memorable. Al conectar tus ideas con las necesidades de tu audiencia, te aseguras de que tu mensaje no solo se escuche, sino que también inspire un cambio positivo.
| EJERCICIO: Paso 1: Escoge un tema sobre el que quieras hablar. Paso 2: Escribe las ideas principales de tu discurso. Paso 3: Después de cada idea principal, pregúntate: «¿Y ahora qué? ¿Qué puede hacer mi audiencia con esta información?». Paso 4: A partir de las respuestas, crea ejemplos, analogías o pasos concretos que demuestren el valor práctico de cada punto. Paso 5: Incorpora estas respuestas en tu discurso para asegurarte de que cada parte de tu mensaje sea directamente aplicable. |
![]()



















