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Introducción: Palabras que unen y no dividen
¿Te ha pasado que tienes que decirle algo importante a alguien y no sabes cómo? ¿O que sientes que si no hablas fuerte, no te hacen caso? ¡Tranquilo! La clave está en encontrar el punto medio: hablar con tacto, pero con firmeza. Esto es como ser un campeón de artes marciales: sabes cuándo ser suave y cuándo mostrar tu fuerza, pero siempre con respeto. El Hablar con tacto implica demostrar prudencia en lo que se dice y en la forma y el momento en que se dice, para no incitar a que los oyentes se sientan ofendidos.
EL TACTO es la habilidad de relacionarse con otros sin darles razones para sentirse ofendidos. Esto implica saber cuándo y cómo expresar las cosas. Sin embargo, no significa renunciar a lo que es correcto ni distorsionar la verdad. Tampoco se debe confundir con el miedo a la gente. Al hablar con tacto, las personas estarán más receptivas a escuchar con una actitud positiva. Esta característica también te ayudará a fortalecer tus relaciones con otros.
¿Por qué es tan importante hablar con tacto y con firmeza?
Dominar esta forma de comunicarte es fundamental porque:
- Evitas lastimar a otros: El tacto te permite decir la verdad sin ser cruel. A veces, la sinceridad puede doler, pero si la envuelves con amabilidad, la persona la recibirá mejor y entenderá que tu intención es buena. Por ejemplo, si un familiar te hiere, no se lo dices delante de todos. Eliges un momento a solas. Esto evita la humillación y demuestra que tu intención no es herir, sino resolver.
- Te ganas el respeto: La firmeza te permite defender tus ideas y tus derechos sin enojarte ni tener que pelear. Cuando la gente ve que eres capaz de mantener tu postura con calma, te toman en serio. Esto te hace una persona predecible y confiable, alguien que respeta y que es digno de respeto.
- Logras acuerdos más fácilmente: Al combinar ambos, no solo te aseguras de que tu punto de vista se escuche, sino que también demuestras que valoras la opinión de los demás. Esto hace que sea mucho más fácil llegar a un acuerdo. Al ser firme, te aseguras de que tu punto de vista sea escuchado; al usar el tacto, te aseguras de que el otro se sienta seguro de compartir el suyo. Así, juntos pueden construir una solución que los beneficie a ambos.

¿Qué implica hablar con tacto y con firmeza?
Hablar con tacto y firmeza es la suma de estos componentes:
- Ser honesto, pero amable: El tacto es la habilidad de decir lo que piensas de manera que no ofenda. Por ejemplo, «Esta idea que presentaste es una pérdida de tiempo», puedes decir: «Aprecio mucho tu esfuerzo en esta idea. He estado pensando en ella y, para hacerla más viable, creo que sería mejor considerar [tu sugerencia]». La primera frase critica a la persona; la segunda crítica la idea, y ofrece una alternativa. Es una diferencia enorme.
- Tener un objetivo claro: La firmeza significa que sabes exactamente qué quieres decir y por qué lo dices. Antes de iniciar una conversación difícil, pregúntate: «¿Qué quiero lograr con esto?». Si tu objetivo es desahogarte, es una cosa. Si tu objetivo es resolver un problema o que la otra persona entienda tu punto de vista, es otra. La firmeza viene de tener claro este objetivo y no desviarte de él.
- Escuchar de verdad: Esto es clave. Antes de hablar, escucha con atención. Es un acto de empatía. Significa prestar atención no solo a las palabras, sino también a las emociones y la perspectiva del otro. Al escuchar, puedes adaptar tu mensaje para que sea más efectivo y menos ofensivo.
Tacto con la Familia y con la Gente que Conoces
En el día a día, esta habilidad es vital para evitar conflictos y malentendidos. Aquí te explico cómo aplicarla:
- Evita el «siempre» y el «nunca»: Esas palabras suelen generar defensiva. En lugar de decir «Siempre llegas tarde», prueba con «Me gustaría que llegáramos a tiempo a la cena de hoy». Esto es más firme porque establece una expectativa clara, pero es más táctico porque no acusa.
- Habla de tus sentimientos: En vez de culpar al otro, habla de cómo te sientes tú. Por ejemplo, en lugar de «Me hiciste enojar», puedes decir «Me sentí un poco frustrado cuando eso pasó». Esto muestra tu firmeza al expresar lo que sientes, pero con tacto al no culpar a la otra persona, dándole el espacio para entender tu perspectiva.
- Propón soluciones, no solo problemas: Si tienes una queja, siempre acompáñala de una sugerencia. Esto demuestra que quieres ayudar a resolver la situación, no solo a criticar. Por ejemplo, si le dices a tu pareja «No me gusta cómo ordenas la casa», estás imponiendo. Si dices «Me gustaría que la casa estuviera más ordenada». ¿Qué te parece si hacemos un plan juntos para lograrlo?, estás proponiendo y le das a la otra persona la oportunidad de colaborar.
Cuando nos dirigimos a un auditorio: Habla para liderar
En una presentación, esta combinación te convierte en un líder que la gente respeta y quiere escuchar:
- Empieza reconociendo a la audiencia: Antes de presentar tu idea o corregir un error, reconoce el trabajo que ya se ha hecho. Por ejemplo, «Sé que se ha invertido mucho tiempo y esfuerzo en este proyecto, y eso se nota. Basado en ese trabajo, he encontrado una oportunidad para mejorar la estrategia».
- Sé claro y directo: La firmeza se nota en un mensaje bien estructurado. Di tu punto de vista con seguridad y explica tus argumentos de forma lógica. No te disculpes por tener una opinión. Tu mensaje debe ser claro y no dar vueltas. Evita las muletillas o las frases que demuestran inseguridad como «Esto es solo una idea…», «Quizás me equivoque…». La firmeza se nota en un mensaje bien pensado y entregado con seguridad.
- Invita al diálogo: Después de exponer tu punto, abre un espacio para preguntas y comentarios. Esto demuestra tacto y que valoras la retroalimentación de tu público.

Ayudas para hablar con tacto y con firmeza
Estas son algunas herramientas que puedes empezar a usar hoy mismo:
- Prepárate: Piensa de antemano qué vas a decir y por qué. Si tienes claro tu objetivo, será más fácil mantenerte firme sin ser agresivo.
- Elige el momento adecuado: No intentes tener una conversación importante cuando la otra persona está cansada, estresada o de prisa. Elige un momento de calma para tener un diálogo más táctico.
- Practica el contacto visual: Mirar a los ojos demuestra que eres firme y que tienes confianza en lo que dices.
- Modula tu voz: No hables muy alto ni muy bajo. Una voz calmada y con un volumen adecuado muestra control y firmeza.
Con práctica, esta forma de comunicarte se volverá parte de ti. ¡Atrévete a hablar con tacto y con firmeza!
| EJERCICIO: Este ejercicio te ayudará a practicar el equilibrio en una situación real: Paso 1: Piensa en una situación real: Imagina una situación en la que te costó decir algo con tacto o con firmeza (un amigo que llega tarde, un colega que no hace su parte, etc.). Paso 2: Define tu objetivo (Firmeza): En una oración, define qué querías lograr. ¿Que tu amigo llegará a tiempo? ¿Que tu colega se responsabilizara? Paso 3: Define tu estrategia (Tacto): Ahora, escribe cómo lo dirías usando un enfoque de tacto. ¿Qué palabras usarías para no herir? ¿Qué momento elegirías? Paso 4: Escribe el guión: Escribe la conversación tal como te gustaría que hubiera sido, usando tus objetivos de firmeza y tu estrategia de tacto. Por ejemplo: «Oye, ¿podemos hablar un momento? [Tacto] Me gustaría que la próxima vez llegaras un poco más temprano [Firmeza]». Paso 5: Practica en voz alta: Lee el guion frente a un espejo. Fíjate en tu postura, tu voz y tus gestos. La próxima vez que te enfrentes a una situación similar, recordarás este ejercicio y te sentirás mucho más preparado para el «baile» de la conversación. |
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