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Introducción: La herramienta que te hace visible
El volumen adecuado de la voz es una de las herramientas más subestimadas en la comunicación. No se trata de gritar, ni de susurrar, sino de encontrar el nivel de sonido perfecto para cada situación. Es lo que te hace audible y, por lo tanto, presente. Un volumen bien modulado es la base para que tu mensaje sea recibido y entendido sin esfuerzo por tu audiencia, evitando que tu voz se pierda o, por el contrario, que abrume a quienes te escuchan.
¿Qué implica y por qué es crucial?
El volumen adecuado implica hablar lo suficientemente fuerte para ser escuchado por la persona más alejada, pero lo suficientemente bajo para no molestar a los que están más cerca. Esto es importante porque:
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- Asegura la comprensión: Si tu audiencia no puede escucharte, no importa lo brillante que sea tu mensaje. Un volumen insuficiente es una barrera para la comunicación.
- Transmite confianza: Hablar con un volumen claro y constante proyecta seguridad. Un volumen bajo puede ser interpretado como timidez o falta de convicción.
- Mantiene el interés: Variar el volumen de tu voz puede hacer tu discurso más dinámico. Subir el volumen en un punto clave puede generar emoción, mientras que bajarlo puede crear un momento de intimidad o expectación.

Si las personas a quienes se dirige no le oyen bien, quizá pierdan la concentración o no capten con claridad lo que les dice. Si, por el contrario, les habla en voz muy alta, puede que les parezca irritante e incluso irrespetuoso. EL ORADOR que no habla con suficiente volumen se arriesga a que parte del auditorio empiece a cabecear.
Posibles dificultades y cómo superarlas
- El miedo a hablar fuerte: Muchas personas asocian el volumen con gritar, pero el control del volumen es una técnica, no una agresión.
- La falta de consciencia: A menudo no nos damos cuenta de lo bajo o alto que hablamos.
Para encontrar el volumen adecuado, ten en cuenta lo siguiente:
1. Toma en consideración a tu audiencia
El tamaño del grupo y la distancia son clave. No es lo mismo hablar con una persona en una mesa de café que con un grupo de veinte en un salón grande. Siempre adáptate a tu público y a la distancia a la que se encuentra. Es obvio que el volumen que es adecuado para una situación pudiera resultar inadecuado para otra.
¿Cómo saber si tu volumen de voz es apropiado para determinada situación? Uno de los mejores indicadores es la reacción del auditorio. Si notas que algunas personas están haciendo un verdadero esfuerzo por oírte, debes ajustar el volumen.
Tanto si te diriges a un individuo como a un grupo, conviene que tengas en cuenta las características de tu público. Si alguien tiene problemas auditivos, tal vez debas alzar la voz. Pero si la persona sencillamente tarda en reaccionar por su edad avanzada, hablándole a gritos no despertarás sus simpatías; puede que incluso lo considere un maleducado. En algunas culturas se interpreta el volumen elevado como señal de enfado o impaciencia.
Si quieres incitar al auditorio a la acción, tal vez tengas que subir un poco el volumen; pero si quieres que cambie su forma de pensar, no lo espantes con una voz muy fuerte. Cuando se desea ofrecer consuelo, es mejor hablar con voz más suave.
2. Ten presente los ruidos que distraen la atención
El entorno es un factor crucial. Si hay ruido de fondo, como tráfico, música o conversaciones, necesitarás proyectar más la voz. Asegúrate de que tu volumen supera el ruido sin llegar a gritar.
En mitad del discurso pueden producirse perturbaciones que exijan, o bien hacer una pausa, o bien aumentar el volumen. Por ejemplo, si la reunión se celebra en un lugar techado con láminas de cinc y cae un aguacero, será prácticamente imposible escuchar al orador. El llanto de los niños y la llegada de asistentes con la reunión empezada también dificultan la concentración. Aprende a contrarrestar las distracciones, a fin de que tu auditorio se beneficie a plenitud de la información que le presentas.
Aunque los equipos de sonido son útiles, habrá ocasiones en las que el orador tendrá que subir la voz de todas formas. En los lugares donde se producen cortes frecuentes de la corriente eléctrica, los discursantes se ven obligados a seguir hablando sin micrófono.
3. Sube el volumen cuando la ocasión lo requiera
Usa el volumen como una herramienta para dar énfasis. Por ejemplo, al presentar un dato impactante o un llamado a la acción, un aumento de volumen puede hacer que tu punto tenga mayor impacto.
Si intentas atraer la atención de alguien que está ocupado, por lo general conviene subir el volumen. Los padres lo saben y por eso levantan la voz cuando llaman a sus hijos para que dejen de jugar y entren en casa. Aun después de captar la atención de tu interlocutor, es importante que sigas hablándole con volumen suficiente. Si tu voz es muy apagada, tal vez dé la impresión de que no te has preparado bien o de que te falta convicción.
Cómo mejorar y lograrlo
Si intentas atraer la atención de alguien que está ocupado, por lo general conviene subir el volumen. Los padres lo saben y por eso levantan la voz cuando llaman a sus hijos para que dejen de jugar y entren en casa. Aun después de captar la atención de tu interlocutor, es importante que sigas hablándole con volumen suficiente. Si tu voz es muy apagada, tal vez dé la impresión de que no te has preparado bien o de que te falta convicción.
Dominar el volumen es una habilidad que te hará destacar como comunicador. Te dará la seguridad de que tu voz no solo se escucha, sino que tu mensaje resuena con la fuerza que se merece.
| EJERCICIO: Lee en silencio un texto, ten en cuenta el marco de circunstancias, que se revela en el relato y el contexto. Fíjate en quién habla y la actitud que adopta. A continuación, lee el pasaje en voz alta con el volumen adecuado para cada intervención. |
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