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Introducción: Más allá de las palabras, el flujo
La fluidez del habla es la capacidad de expresarse de manera natural, sin interrupciones, repeticiones o pausas inusuales. No se trata solo de tener un vocabulario amplio o una buena pronunciación, sino de que tus ideas se unan en un flujo suave y constante. Cuando hablas con fluidez, tu mensaje se vuelve más fácil de seguir y tu comunicación, más poderosa y efectiva. En un mundo donde la atención es un bien escaso, la fluidez es tu mejor aliada para captar y mantener la atención de tu público.
¿Por qué es importante la fluidez?
- Proyecta confianza: Hablar con fluidez te hace ver como una persona segura de sí misma y competente. Cuando no tienes que dudar o buscar las palabras, tu mensaje tiene más fuerza y convicción.
- Mejora la conexión: Un discurso fluido es más agradable de escuchar. Permite que tu audiencia se enfoque en el contenido de lo que dices, en lugar de distraerse por pausas o repeticiones.
- Facilita el liderazgo: Los líderes y oradores más influyentes dominan la fluidez. Esta habilidad les permite comunicar su visión y sus ideas con claridad, inspirando a otros a seguirlos.
CUANDO lees en voz alta, ¿te tropiezas con algunas expresiones? O cuando das discursos, ¿te pasa a menudo que no encuentras las palabras correctas? Si es así, tal vez tengas problemas de fluidez. Para que tu lectura y tu habla sean fluidas, las palabras y los pensamientos deben fluir con facilidad, aunque eso no quiere decir que debas hablar sin parar, muy rápido o sin reflexionar. Tu manera de expresarte debe ser agradable y armoniosa.
Costumbres que deben evitarse para mejorar la fluidez
Si buscas mejorar la fluidez de tu habla, es crucial que identifiques y elimines estas costumbres que la obstaculizan:
- Hablar demasiado rápido: El hablar a gran velocidad no te hace más inteligente. De hecho, a menudo hace que las palabras se junten, causando que el mensaje sea difícil de comprender.
- Uso excesivo de muletillas: Las muletillas como «este», «eh», «bueno», «o sea» o «sabes» pueden romper el ritmo de tu discurso y hacer que parezcas inseguro.
- Repetir palabras o frases: Es natural repetir alguna vez, pero cuando se vuelve un hábito, puede distraer a tu interlocutor y hacer que tu discurso se sienta desorganizado.
- Pausas innecesarias: Las pausas son importantes, pero las pausas largas y sin razón pueden hacer que tu audiencia pierda el hilo de lo que dices.
Muchas personas tienen el hábito de insertar palabras o expresiones tales como “eh…”, “este…”, “o sea”, “pues” o “bueno” al principio o en medio de las oraciones. Otras las finalizan a menudo con “¿verdad?” y “¿no?”. Tal vez usted no se dé cuenta de la frecuencia con que utiliza tales muletillas. Para comprobarlo, pídale a alguien que lo escuche mientras habla y que repita cada muletilla que usted use. Pudiera llevarse una sorpresa.
Hay quienes leen y hablan haciendo numerosas regresiones, es decir, comienzan una oración, la interrumpen y repiten al menos una parte de lo ya dicho o leído. Otras personas se expresan con relativa soltura, pero antes de concluir una idea, pasan a la siguiente. Aunque las palabras salgan de su boca sin esfuerzo, los cambios bruscos de pensamiento impiden que su estilo sea fluido.
La falta de fluidez puede deberse a diferentes factores. ¿Deberías enfocarte en alguno de los siguientes? 1) En la lectura pública, no conocer las palabras puede causar titubeos. 2) La excesiva cantidad de pausas breves que interrumpen el lenguaje. 3) La falta de preparación. 4) Al hablar ante un auditorio, la exposición desorganizada de las ideas. 5) Un vocabulario limitado, lo que provoca dudas al intentar encontrar el término correcto. 6) Enfatizar demasiadas palabras. 7) No conocer las normas gramaticales.
Si tu intervención no tiene fluidez, el público no se marchará, pero sí se distraerá, así que gran parte de lo que digas se perderá. Por otro lado, ten cuidado de que, al intentar expresarte con claridad y fluidez, no termines abrumando o incomodando a la audiencia. Si las diferencias culturales hacen que tu manera de hablar se sienta demasiado desenfadada o poco auténtica, no alcanzarás tu meta.

Cómo hacer frente a la tartamudez
La tartamudez es un desafío real para muchas personas. Es importante entender que no es un problema de inteligencia ni de nerviosismo. Para enfrentarla, se puede seguir estas recomendaciones:
- Busca ayuda profesional: La terapia del habla con un logopeda o fonoaudiólogo es el método más efectivo para manejar la tartamudez. Un especialista puede enseñarte técnicas y estrategias para hablar con mayor control y fluidez.
- Sé paciente contigo mismo: Aceptar la tartamudez es el primer paso. No te castigues por los errores; reconoce que es un proceso y que cada pequeño avance es una victoria.
- Usa la respiración: Antes de hablar, respira profundamente. Mantener un buen control del aire puede ayudarte a regular el ritmo de tus palabras.
- Habla de forma natural: Evita intentar forzar la fluidez, ya que esto puede generar más tensión. Concéntrate en el mensaje y no en el acto de hablar.
Cuando pronuncies palabras, enfráscate en estas y habla con sentimiento. Si empiezas a tartamudear, esfuérzate por mantener la calma y controlar la voz. Relaja los músculos de la mandíbula. Construye oraciones breves y reduce al máximo el uso de muletillas como “eh…” y “este…”.
Hay quienes evitan las palabras con las que han tropezado antes y, en su lugar, utilizan sinónimos. Otros prefieren determinar los sonidos que más trabajo les cuestan y practicarlos insistentemente.
Si en una conversación comienzas a tartamudear, no desistas de comunicarse. Prueba a decirle a tu interlocutor que hable él hasta que puedas continuar. Si es necesario, escríbele una nota o muéstrale en algún texto impreso lo que deseas transmitirle.
| COMO EXPRESARSE CON FLUIDEZ Prepárate antes de hablar: Si vas a dar una presentación o participar en una reunión importante, tómate un momento para organizar tus ideas. Saber lo que vas a decir te dará más confianza. Grábate a ti mismo: Leer en voz alta y grabarte es una excelente forma de escuchar tu propio ritmo y detectar dónde te detienes o repites. Practica con pausas: En lugar de llenar los silencios con muletillas, utiliza pausas breves para respirar y pensar en la siguiente idea. Las pausas estratégicas pueden dar más peso a tus palabras. Amplía tu vocabulario: Mientras más palabras conozcas, menos tendrás que detenerte para buscar la palabra correcta. Lee mucho y escucha a otros hablar. Enfócate en la idea, no en las palabras: En lugar de preocuparte por la forma en que suenan las palabras, concéntrate en transmitir la idea de forma clara. La fluidez suele ser un subproducto de una mente organizada. |
Mejorar la fluidez del habla es un proceso continuo que requiere práctica y consciencia. Si tu problema estriba en que no hallas las palabras adecuadas, pon gran empeño en enriquecer tu vocabulario. Si no tienes ningún diccionario a tu alcance, pide ayuda a alguien que domine el idioma. Otra sugerencia para adquirir más fluidez consiste en leer en voz alta con regularidad. Cuando te topes con términos difíciles, repítelos varias veces.
Para que tu lectura sea fluida, tienes que entender la relación de las palabras dentro de la oración. Si quieres transmitir las ideas del escritor, por lo general deberás leer grupos de palabras. Fíjate bien en tales grupos y, si te sirve de ayuda, márcalos. Tu objetivo no es solo leer los vocablos de la forma correcta, sino también comunicar las ideas con claridad. Después de analizar una oración, pasa a la siguiente, y así sucesivamente hasta estudiar todo el párrafo. En cuanto hayas captado el hilo del pensamiento, lee el párrafo en voz alta una y otra vez hasta que no tropieces en ninguna palabra ni introduzcas una pausa donde no debes. Haz lo mismo con los demás párrafos.
A continuación, aumenta la velocidad de la lectura. Si ya entiendes cómo se relacionan las palabras dentro de la oración, serás capaz de abarcar más de una palabra con cada golpe de vista y de prever lo que sigue. De este modo, tu lectura será más efectiva. También sirve de práctica leer en voz alta sin ensayo previo. Por ejemplo, adquiere el hábito de leer un texto en voz alta sin haberte preparado. Acostumbra los ojos a captar las palabras en grupos que expresen ideas completas, en lugar de captarlas de una en una.
En cuanto a la conversación, para que sea fluida hay que pensar antes de hablar. Proponte que sea así en tu vida cotidiana. Determina qué ideas deseas transmitir y en qué orden, y entonces habla. Pero no lo hagas atropelladamente. Esfuérzate por no dejar los pensamientos incompletos ni cambiar de idea en mitad del razonamiento. También puede resultarte útil construir oraciones cortas y sencillas.
Si sabes lo que quieres decir, las palabras deberían salirte con naturalidad. Por regla general, no es necesario escogerlas previamente. De hecho, es mejor habituarse a tener la idea clara y pensar en los términos sobre la marcha. Si lo haces así y te concentras en los conceptos más bien que en las palabras, estas te vendrán a la mente de forma más o menos automática, y expresarás los pensamientos con naturalidad. Pero si te pones a pensar en las palabras en lugar de en las ideas, puede que empieces a titubear. Con la práctica, irás adquiriendo fluidez, cualidad importante para hablar y leer de manera efectiva.
La fluidez no se trata de hablar sin parar. Se trata de hablar de forma clara, natural y con confianza, permitiendo que tu mensaje llegue a tu audiencia sin obstáculos. Con práctica y paciencia, puedes mejorar tu fluidez y transformar tu forma de comunicarte.
| EJERCICIO: Analiza una lectura párrafo por párrafo. Comenzando por el primero, asegúrate de que captas el hilo. Busca en el diccionario las palabras que no conozcas. Lee en voz alta los nombres propios y a continuación todo el párrafo con la mayor precisión posible. Cuando estés satisfecho con tu lectura, pasa al siguiente párrafo, y así sucesivamente. Acto seguido, lee el capítulo completo. Vuelve a hacerlo, esta vez imprimiéndole un poco más de velocidad. Léelo de nuevo, yendo incluso más rápido donde sea oportuno, pero no tanto que tropieces en la pronunciación. |
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