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Introducción: La serenidad que conquista audiencias
El aplomo al hablar en público es esa cualidad intangible que irradia un orador, transmitiendo serenidad, confianza y control, incluso ante la tensión del momento. No se trata de ausencia de nervios, sino de la habilidad para gestionarlos y proyectar una imagen de compostura que tranquiliza a la audiencia y fortalece el mensaje.
«Un orador con aplomo se convierte en un faro de confianza, guiando a su público a través de sus ideas con solidez y convicción».
¿Qué implica el aplomo y por qué es importante?
El aplomo implica mantener la calma, la compostura y el autocontrol al hablar en público, independientemente del tamaño de la audiencia o de las posibles interrupciones. Si tu intervención refleja aplomo, será más probable que los presentes se concentren en lo que digas, en vez de en su persona. Es importante porque:
- Inspira confianza: Un orador sereno genera confianza en su mensaje y en su capacidad para entregarlo.
- Reduce la ansiedad de la audiencia: La calma es contagiosa. Un orador tranquilo ayuda a que el público se sienta más cómodo y receptivo.
- Permite manejar imprevistos: El aplomo facilita la respuesta efectiva ante preguntas difíciles, fallos técnicos o cualquier otra situación inesperada.
- Fortalece la credibilidad: Un orador que mantiene la compostura proyecta profesionalismo y dominio del tema.

El aplomo implica una serenidad que se refleja en el porte del orador, quien adopta una postura natural y apropiada, efectúa ademanes elocuentes y habla de forma expresiva y controlada. Aunque te parezca que no encajas en esta descripción, puedes mejorar al respecto. ¿Cómo? Examinemos el porqué del nerviosismo y la ausencia de aplomo. Es posible que la causa sea física.
Cuando te enfrentas a una tarea difícil y deseas hacerla bien pero no estás seguro de si lo lograrás, sientes inquietud. Como consecuencia, el cerebro ordena al cuerpo que produzca más adrenalina. El repentino aumento de esta hormona puede hacer que el pulso se acelere, cambie el ritmo de la respiración, se incremente la transpiración e incluso tiemblen las manos, las rodillas y la voz. El cuerpo intenta afrontar la situación generando más energía. Lo difícil es canalizar toda esa energía para pensar de forma constructiva e infundir entusiasmo a su exposición.
Pautas para cultivar el aplomo
- Preparación exhaustiva: Conocer tu material a fondo es la base para sentirte seguro. Ensaya tu discurso varias veces hasta que te sientas cómodo con el contenido y el flujo. Dedica tiempo a preparar un discurso. Asegúrate de que entiendes claramente el tema. Si has de elegir los puntos que abarcarás, toma en consideración lo que el auditorio ya sabe del asunto y lo que pretendes lograr, pues ello te permitirá seleccionar los aspectos más relevantes. Si al principio te resulta difícil, habla con un orador de experiencia, quien puede ayudarte a analizar la información pensando en el auditorio. Cuando estés seguro de que has elegido puntos provechosos para los oyentes y los tengas claros, tu deseo de comunicarlos comenzará a eclipsar la ansiedad.
- Visualización positiva: Imagina tu presentación como un éxito. Visualízate hablando con confianza y a tu audiencia respondiendo positivamente. Así tendrás la seguridad de que puedes expresar con palabras tus pensamientos. La práctica permitirá que en tu memoria se formen circuitos que se activarán fácilmente cuando llegue el momento. Los ensayos han de ser realistas. Imagínate el auditorio. Siéntate a la mesa o ponte de pie, dependiendo del tipo de intervención de que se trate.
- Concéntrate en tu mensaje, no en tus nervios: Desviar tu atención de tus ansiedades hacia la importancia de tu mensaje te ayudará a mantener la perspectiva. Tal vez creas que tendrías más aplomo si leyeras tu exposición. No obstante, con ello pudieras contribuir a que aumente su ansiedad. Es cierto que algunas personas emplean notas extensas; otras, en cambio, usan apuntes breves. Sin embargo, lo que hará que olvides tus temores y disminuya el nerviosismo no serán las palabras escritas en un papel, sino el total convencimiento de que la información que has preparado es realmente valiosa.
- Respira profundamente: La respiración diafragmática profunda puede calmar tu sistema nervioso y reducir la sensación de ansiedad.
- Haz contacto visual: Conectar con tu audiencia a través de la mirada te recordará que estás hablando con personas, lo que puede ser más reconfortante que enfrentarse a una masa anónima.
- Permítete cometer errores: Nadie es perfecto. Si te equivocas, corrígelo con naturalidad y sigue adelante. La audiencia suele ser más comprensiva de lo que crees.
Cómo reducir la ansiedad que atenta contra el aplomo
Recuerda que es normal ponerse algo nervioso. Sin embargo, a fin de conservar el aplomo, debes reducir el nivel de ansiedad y hacer frente a la situación con calma y dignidad. ¿Cómo lograrlo?
- Identifica tus miedos: ¿Qué es lo que más te preocupa de hablar en público? Reconocer tus miedos es el primer paso para superarlos.
- Practica la relajación: Técnicas como la meditación o los ejercicios de relajación muscular pueden ayudarte a controlar la ansiedad en general.
- Llega temprano: Familiarizarte con el espacio donde vas a hablar puede reducir la incertidumbre y la sensación de estrés.
- Desafía tus pensamientos negativos: Cuestiona las creencias irracionales que alimentan tu ansiedad. ¿Qué pruebas tienes de que tus temores se harán realidad?
Indicios de aplomo (lo que proyectas)
- Indicios corporales: Postura erguida pero relajada, movimientos suaves y controlados, contacto visual constante y natural, gestos deliberados que refuerzan el mensaje. Una voz temblorosa o con un tono anormalmente alto también denota nerviosismo. Por otro lado, tal vez carraspees en repetidas ocasiones o hables demasiado rápido. No desistas en tu empeño de controlar la voz y vencerás estos hábitos. La postura y los movimientos de las manos pueden denotar si tienes aplomo o no. Fíjate primero en las manos. Demuestra inseguridad ponerlas a la espalda o mantenerlas rígidas a los lados; aferrarse con ellas al atril o introducirlas vez tras vez en los bolsillos; abotonarte y desabotonarte la chaqueta; tocarte sin motivo la mejilla, la nariz o los lentes; jugar con el reloj, el lápiz, el anillo o las notas, y realizar ademanes entrecortados o incompletos.
- Indicios orales: Voz firme y clara con un ritmo pausado y deliberado, uso de silencios estratégicos para enfatizar puntos, evitar muletillas excesivas («eh», «um»). Si estás nervioso, respira profundamente varias veces antes de subir a la plataforma y procura relajarte. En vez de pensar en cómo te sientes, concéntrate en las razones por las que deseas dar a conocer a los oyentes la información que has preparado. Antes de empezar, mira por un momento al auditorio, busca un rostro amigable y sonríe. Habla despacio durante la introducción y después enfráscate en tu discurso.

Qué esperar al desarrollar aplomo
Adquirir aplomo es un proceso gradual. No esperes transformarte de la noche a la mañana. Al principio, aún podrás sentir nervios, pero aprenderás a gestionarlos para que no dominen tu presentación. Con la práctica constante, te sentirás cada vez más cómodo y seguro al hablar en público.
| Cómo adquirir el aplomo • Empieza poco a poco: Practica hablar en público en entornos seguros y con audiencias pequeñas y amigables. • Busca oportunidades para hablar: Voluntaríate para hacer presentaciones en el trabajo, en tu comunidad o en cualquier otro contexto. La experiencia es la mejor maestra. • Aprende de los demás: Observa a oradores que admiras por su aplomo e intenta identificar las técnicas que utilizan. • Sé paciente contigo mismo: Celebra tus progresos, por pequeños que sean, y no te desanimes por los contratiempos. |
El aplomo no es un rasgo innato, sino una habilidad que se cultiva con la práctica y la determinación. Al seguir estas pautas y realizar los ejercicios, estarás en el camino de convertirte en un orador sereno, confiado y persuasivo.
| EJERCICIO: Paso 1: Prepara un breve discurso sobre un tema que te resulte familiar. Paso 2: Ensaya tu discurso varias veces, prestando especial atención a tu postura, tu respiración y la velocidad de tu habla. Intenta mantener un ritmo pausado y constante. Paso 3: Durante el ensayo, introduce distracciones (ruidos, interrupciones imaginarias) y practica cómo mantener la calma y retomar tu discurso con serenidad. Paso 4: Grábate y observa tus indicios corporales y orales. Identifica áreas donde puedes proyectar más calma y control. |
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